Mantener una turba activa durante tantos días no es barato; además de los costos de movilización se suman los de alimentación y algún ingreso por participar. En un país en el cual la mayoría de las personas depende del ingreso por el trabajo del día para alimentar a sus familias, es poco probable que la participación en marchas violentas sea por convicción de que Pedro Castillo es una víctima del Congreso, la prensa y el Poder Judicial, y que su permanencia significa vivir en un ambiente pacífico, un gobierno democrático y con oportunidades para la mayor parte de la población. Así, lo más probable es que haya quienes, con ‘importantes bolsillos’, tienen capacidad de mantener la situación de caos que se vive estos días.