El clima de polarización e inestabilidad, con un Ejecutivo (el de Castillo) marcado por la ineptitud y corrupción, y una sucesión agitada por la movilización y conflictividad, han deprimido la inversión privada, que ahora se mueve en terreno negativo. Quizá la muestra más dramática de esta tendencia es lo que viene sucediendo en el sector minero, sin grandes proyectos que permitan recuperar el dinamismo perdido, y la amenaza de que en el cortísimo plazo podamos perder el sitial que ocupamos como el segundo productor mundial de cobre.