Con apenas 3.5 metros por habitante, Lima ocupa el último lugar en el índice de Ciudades Verdes del continente. Ello no solamente por su ubicación literal en una zona desértica, sino, fundamentalmente, por la desidia de sus autoridades y la expansión urbana irresponsable y desorientada de las últimas décadas, que marginó el crecimiento de las áreas verdes, supeditándolo a otras necesidades, en perjuicio de nuestra calidad de vida.