Si ese ha sido el impacto sobre los afortunados que pudieron conectarse en línea, ¿cuál habrá sido el de aquellos, especialmente los más pobres, que no contaban con los soportes informáticos para seguir las clases? La situación de los niños de inicial, para quienes la virtualidad resultaba inviable, es aun más dramática. En breve conoceremos la magnitud de los daños, cuando el Ministerio de Educación, después de tres años, administre la medición nacional de aprendizajes.