Nuestro Congreso es bastante más pequeño que el que tuvo el Perú en el pasado, así como respecto a los de otros países de la región, en proporción a su territorio o población. También lo es respecto del número de electores, y se produce una desproporción entre representantes y representados; por ejemplo, Lima Metropolitana, Cusco o La Libertad resultan subrepresentados frente a Tumbes o Moquegua. Dos cámaras deben contribuir a una mayor deliberación, así como a una mejor organización. La experiencia de estos años muestra que, con la creciente fragmentación, ha resultado complicado atender 24 comisiones ordinarias y otros órganos parlamentarios con grupos menores a 10 congresistas. Evidentemente, el buen funcionamiento del Congreso en una democracia depende de otros factores, pero la estructura importa cuando es funcional a esta.