Es por ello que la fidelidad de las marcas es un esfuerzo de cada punto de contacto, del día a día, de generar experiencias recurrentes, y lo mismo pasa a nivel personal. Confiar, casi es un acto de fe, en la que estoy convencido por los hechos del pasado, que el futuro no debe ser diferente. Pero, ¿qué pasa cuando el pasado no es de lo mejor y necesito proyectar un futuro mejor? ¿Se necesita en este caso dar un salto al vacío? Dependiendo de las circunstancias, sí. ¿Cuándo es necesario dar ese famoso cheque en blanco, esa apuesta de que las cosas serán mejores?