Para evaluar toda política, es necesario tomar en cuenta el objetivo que esta se planteó inicialmente. Desde su creación, el SPP se propuso como una alternativa al sistema público de pensiones, por entonces quebrado y usado como caja chica de las autoridades de turno. Se involucró a entidades privadas, especializadas en gestión de inversiones, para recibir aportes de los trabajadores y obtener para estos la mayor rentabilidad posible y así lograr una mejor pensión al retiro. Mientras que el sistema público planteaba un pozo único, el privado introdujo la innovación de la capitalización individual, en la que cada trabajador tiene una cuenta individual, y su fondo —y, por lo tanto, pensión futura— se construye con sus aportes y la rentabilidad generada.