En el Perú de hoy, los indicadores de confianza muestran que las familias y empresarios están pesimistas sobre el futuro. La confianza del consumidor está en mínimos históricos y la empresarial está en niveles similares a los observados durante la severa crisis financiera internacional de 2088-2009. A corto plazo, esto anticipa una desaceleración del gasto privado y un menor dinamismo económico (que ya es bajo). Y, a mediano plazo, la debilidad de la confianza empresarial inhibirá la inversión y, por lo tanto, la acumulación de capital físico (fábricas, máquinas, infraestructura) y la creación de empleo serán menores. Como resultado, nuestras perspectivas de crecimiento económico, disminución de pobreza y generación de bienestar social se reducen.