El Perú tiene una estrategia económica, a la cual le llaman “modelo económico”, basada en dos pilares: la adherencia al libre mercado y la apertura hacia el exterior; el Estado actúa como regulador. Sin duda, la estrategia ha dado resultados positivos en las cifras macroeconómicas y en la reducción de la pobreza monetaria o por ingresos. Sin embargo, está claro algo que cualquier ciudadano sabe: que el Estado no funciona, lo que se refleja en la creciente inseguridad, los bajos niveles de educación y salud públicas, el exceso de tramitología y la baja credibilidad en las instituciones como el Poder Judicial, Jurado Nacional de Elecciones, Congreso, Policía Nacional, etc.