No se requiere mucha imaginación para saber que el bloqueo de vías estratégicas, de las que dependen millones de peruanos, desencadena violencia, subida de precios, escasez de bienes esenciales, desempleo y aumento de crímenes que, tarde o temprano, cobrarán más vidas. Una protesta no puede ser pacífica si negocia con vías que son, literalmente, vitales.