La admiración es como el amor, nunca es suficiente. Y así es. Ha empezado a sonar fuerte y ya se dice: ¿cómo no voy a quererlos si visten de verde nuestros desiertos?, ¿cómo no agradecerles con afecto si ponen al Perú arriba en los rankings mundiales de arándano, palta y uva?; ¿cómo no rendirnos ante ellos, haciendo de sus propósitos, los nuestros y de su potencia, nuestra potencia?