No lo sé. Lo que sí sé es que la xenofobia se cura con la civilización, ese “lento, arduo y ¡emocionante! proceso de sometimiento de la emoción a la razón. Un viaje desde la tribu, recelosa y cerril, hacia el encuentro con otras tribus y otros hombres. Un viaje impulsado por la curiosidad, el ansia de conocimiento y la aceptación de lo mucho que los seres humanos tenemos en común frente a aquello que obviamente nos distingue” (Cayetana Álvarez de Toledo).