Sospecho que, más que referirse a que nuestra Armada creó a Sendero, Béjar debe haber aludido a esa leyenda urbana de los años del velasquismo, donde desde la izquierda se afirmaba que la Marina operaba un centro de espionaje telefónico conjuntamente con la CIA y que también fueron marinos los que colocaron sendos explosivos en el pesquero cubano Río Jobabo (anclado en el Callao) y en la residencia oficial naval situada en San Isidro, donde por aquel entonces vivía el almirante Faura, bastante impopular en su arma –junto a su colega Arce Larco– por ser incondicional con el dictador Velasco, quien había tenido siempre muchos roces con la Marina, especialmente en la seria crisis que le enfrentó al almirante Luis Vargas Caballero.