El voto universal es probablemente el invento más revolucionario de la civilización moderna. Hace que cada persona, sin importar su trasfondo o condición social, valga lo mismo al momento de decidir el futuro de la nación. Las brechas económicas cotidianas y las dinámicas de desigualdad de poder son abolidas por un día, el día más importante. Y, así, las elecciones evidencian, cada tanto, el verdadero estado de un país.