Hoy el país atraviesa más de una crisis. Pero la comunidad LGBT+, al igual que otras poblaciones en el Perú, está acostumbrada a existir en crisis permanente. Vivimos en un país en el que nuestro propio Estado no nos reconoce como miembros plenos, y en muchos casos no existe un acceso garantizado a derechos básicos como la salud integral, el trabajo, la identidad o la posibilidad de planear un futuro digno con nuestras familias. Un país en el que aún corre riesgo nuestro desarrollo profesional, nuestras relaciones familiares o incluso nuestra vida, solo por atrevernos a ser quienes somos.