Hay partidas que vienen ocurriendo estos meses de pandemia, como la de Javier, que me dejan un sabor especialmente triste. Es un quiebre forzado e indeseable. No es el cambio generacional que hubiésemos querido. A muchos de ellos, como a Javier, los necesitábamos por buen tiempo más, para que con su experiencia, compromiso y lucidez ayuden en el camino de tantos de nosotros. Será por siempre uno de mis referentes indispensables, y la suya es una pérdida que sé que comparto con incontables personas más.