Hay dos mujeres británicas embarcadas en una contienda grotescamente autodestructiva: ver cual rompe el récord de acostarse con el mayor número de hombres en un día.
Una se llama Bonnie Blue, obvio nombre de batalla, y tiene 25 años. La otra se llama Lily Phillips, de 23. Antes de dedicarse a estos quehaceres Phillips estudiaba Nutrición. Ahora, disculpen el término, se acaba de comer 101 hombres en un solo día.
Suena espantoso. Un encuentro íntimo, uno solo, puede durar una vida. Sea por lo desastroso o por lo memorable. En el primer caso, el asunto se transforma en lección de vida y anécdota permanente mil veces versionada. En el segundo, la academia ha instaurado una categoría mítica y universal: el polvazo. Que, si es polvo enamorado, a lo Quevedo, se hace eterno.
Son insondables las consecuencias que pueden suponer el restregarse sucesivamente con varias decenas de personas en un corto tramo de tiempo. Ni mente ni cuerpo fueron hechos para eso.
Obviamente, ninguna de estas mujeres se embarca en esta degradación por amor al arte. Ambas son miembros de OnlyFans, la plataforma que permite a cualquier persona mayor de edad hacer cosas adultas, como publicar fotos y videos explícitos con fines rentables a costa del riesgo reputacional. Plata es plata.
OnlyFans nació en 2016 con el inocente propósito de ser una plataforma ñoña, un punto de encuentro entre artistas y fanáticos.
Durante la pandemia, en que necesariamente cerraron los burdeles y las escorts se quedaron sin trabajo presencial en favor del vuelo de cometa generalizado, se dio una migración de las trabajadoras sexuales a plataformas como OnlyFans. Era una manera de puterío remoto. El dueño de la plataforma, un cuarentón multimillonario que responde al nombre de Leonard Radvinsky, empezó a fungir de proxeneta digital.
Los usuarios que ponen en oferta sus contenidos explícitos, según marco tarifario determinado por plataforma, reciben el ostentoso título de creadores. Crean calenturas, sin duda.
Los creadores pueden recibir un ingreso promedio al mes de alrededor de los ocho mil dólares. La fortuna de Radvinsky, a quien se le conoce esposa, pero no familia, se calcula en 3,800 millones de dólares.
Lilly Phillips grabó el evento sexual en que se involucró para producir un documental de 50 minutos. Se vende —por supuesto— a través de OnlyFans. Tiene más de 3 millones de vistas.
En el video se le ve temblando y llorando una vez culminado su emprendimiento. Se queja de que no todas sus parejas respetaron el límite establecido de 5 minutos por turno. Al parecer, esperaba meñiques levantados. Y cuenta que luego de la primera media hora, 8 encuentros según reloj, se tuvo que disociar de su cuerpo para poder continuar con lo propuesto. La disociación es un reflejo repetido en las víctimas de violación.
El primer impulso es condenar a la mujer: esa es una cualquiera. Pero, del otro lado, ¿qué clase de hombre se para en una cola, en el mejor de los casos con 50 tipos antes y 50 tipos después de él, para una patética simulación sexual?
El Perú aporta su propia cuota de creadoras al OnlyFans. Las pioneras fueron las Chicas Tulum, que viajaban repetidamente a los insomnes hoteles boutiques mexicanos bajo presupuestos imaginarios. Luego se convirtieron en Chics Dubai, posando entre tigres y Lamborghinis más reveladores de la realidad.
Eran creadoras de OnlyFans las últimas contratadas en el Congreso de la República, incluida la fallecida en un desenlace indudablemente mafioso.
Hace más de 300 años una monja, sor Juana Inés de la Cruz, que de estos temas entre hembra y varón nada debería saber, expuso el dilema con precisión:
¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
¿la que peca por la paga
o el que paga por pecar?
Algunos vanguardistas alegan que no se debe subestimar prejuiciosamente las competencias profesionales de una mujer que tiene cuenta de OnlyFans, como si esa plataforma se dedicara a la neurociencia o defensa de los derechos femeninos.
Andrea Vidal murió por 12 impactos de bala, 3 de ellos en cabeza, en un contexto donde la presunción de una red de prostitución dentro del Congreso es la tesis conservadora.
Las mentes brillantes del Congreso actuaron diligentemente: primero despidieron a las OnlyFans, luego prohibieron el uso de minifaldas en el Parlamento.
La pacatería falaz es un nexo con el caso de las OnlyFans británicas. En los videos de esas penosas maratones sexuales, a las mujeres se les ve todo, pero a los hombres, señores respetables, se les pixela el rostro para evitar inconvenientes.
En el caso de las OnlyFans del Congreso, los retratos de las chicas también están en todas partes, pero aún no se conoce la identidad de sus clientes con circulina.
El punto en común es que siempre, detrás de una mujer en venta, hay un hombre miserable dispuesto a pagar.