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Mecedora presidencial

Imaginamos que el mandatario tenía otros planes que atender así que no habría apurado a su equipo para cumplir con lo que era, justamente, el plan más urgente para el país. 

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jerí
Fecha actualización:
21/01/2026 - 07:00
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A pocas semanas de haberse instalado en Palacio, el presidente José Jerí proclamó, casi con fanfarria y pica-pica, que se encontraba preparando un nuevo plan de seguridad ciudadana que haría retroceder a la delincuencia que viene asolando el territorio nacional, tanto en sus principales ciudades como en zonas rurales de distintas regiones.

Argumentó que la estrategia que se manejaba en las fuerzas de seguridad estaba desfasada y servía de poco o nada: “será derogada” y se elaboraría una “adecuada a la realidad y pensando en el futuro”, declaró.

Mencionó a expertos y citó casos en los que se había logrado sanear importantes capitales del mundo, rescatándolas del crimen y devolviéndole la paz a sus ciudadanos. Como es obvio, el anuncio fue recibido con simpatía, dada la inacción y hasta complicidad con que habían actuado ciertas autoridades en los dos gobiernos que lo precedieron.

Luego, de manera recurrente reiteró que se trabajaría en esa propuesta y que en los primeros días de enero se publicaría. Estando a 10 días de que finalice el mes, el Perú continúa sin conocer detalles de la nueva estrategia.

Imaginamos que el mandatario tenía otros planes que atender así que no habría apurado a su equipo para cumplir con lo que era, justamente, el plan más urgente para el país. Porque de los decretos legislativos que debía promulgar en el marco de las facultades delegadas, por ejemplo, recién algunos han empezado a ver la luz el día de ayer, es decir, más de un mes después.

¿Qué, entonces, será lo que tenía tan ocupado al presidente? Ya que, además de dar entrevistas echadas y enseñar pasitos de baile en espacios públicos, sus anuncios de que el delito está descendiendo en el país tampoco se sustentan en cifras verificables.

¿Será que andaba distraído atendiendo a sus innumerables contertulios chinos que le tocan la puerta en Palacio? ¿O quizás por la frecuencia de sus desplazamientos –encapuchado y eludiendo registros oficiales– lejos de la Plaza Mayor, para visitar a empresarios que contratan dolosamente con el Estado? ¿O será que prestó más atención a solucionar los problemas que alguno de sus amigos chinos tenían para operar sus locales comerciales, como pareciera fue el caso de la tienda de Zhihua Yang, a quien Indecopi le dio una manito justo después de la visita de José Jerí?

Interrogantes todas ellas que, como diría un distinguido premio nobel, siguen flotando en el viento.

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