Cada verano los noticieros transmiten los mismos reportajes, el periodista camina por la playa señalando toda la basura que ha quedado tirada. Botellas, bolsas, envases, restos de comida son solo los residuos más comunes. Juguetes de playa olvidados, sandalias huérfanas y sombrillas rotas son parte del paisaje. Muchos bañistas no se hacen responsables de la basura que generan ni de su deber de cuidado con esa misma playa que los acoge con sus olas y calor.
El alcalde de Chorrillos ya se cansó de este comportamiento y luego de advertencias y amenazas ha anunciado el cierre, este domingo 15 de febrero, de la playa Agua Dulce por razones de salubridad. Esta medida de fuerza, tomada en el pico del verano, no solo deja a los ciudadanos sin acceso a la playa más popular de Lima, sino que impactará enormemente en la economía local, tan dependiente de la temporada de verano.
Es una noticia triste pero reveladora. No es un problema de gestión municipal, sino de algo aún más incómodo: la mala conducta cívica y la fragilidad de nuestra relación con el espacio público y el ambiente. Cuando una municipalidad se ve obligada a cerrar una playa para que no se convierta en un foco de contaminación, algo está mal.
Yo soy una gran proponente del derecho que tenemos al uso libre del espacio público, pero este derecho viene acompañado de muchos deberes, entre ellos, el de su cuidado y respeto. Si la playa es maltratada de esta manera, entonces es posible que no la merezcamos. Sé que esto es duro, pero miremos esto con cifras: desde el primero de enero, más de 90 toneladas de basura han sido recogidas en esta playa. Las múltiples campañas de concientización que el municipio realiza no son suficientes. Aunque solo un 15.9% de limeños y chalacos considera que uno de los tres principales problemas ambientales es la contaminación de las playas y el mar, por debajo de la contaminación del aire, el nivel de ruido y la falta de árboles y áreas verdes (encuesta Lima Cómo Vamos, 2025), no podemos negar que este es un problema enorme.
El cuidado ambiental también necesita reglas claras, visibles y exigibles. Hay playas que han decidido ser libres de plásticos y bolsas de un solo uso. Si entras con esos productos, se confiscan o se paga una multa. Quizá el municipio de Chorrillos pueda implementar alguna de estas medidas, replicando el ejemplo de Aguas Calientes donde está prohibido ingresar con botellas de plástico de un solo uso a Machu Picchu.
Es exagerado, dirán algunos, pero yo creo que exagerado es seguir limpiando toneladas de basura cada fin de semana y fingir que no pasa nada. Exagerado es aceptar que niños jueguen entre residuos. Exagerado es permitir que la playa se vuelva un basurero.