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No a los viaductos

“Son inversiones públicas que (…) perjudican a peatones, usuarios de transporte público y vecinos del entorno inmediato”.

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Fecha actualización:
14/12/2025 - 07:00
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La Municipalidad de Lima insiste en su vieja receta: obras viales que no resuelven nada. El anuncio para desarrollar 20 viaductos en la ciudad nos devuelve a los años 70 y se ignora la evidencia suficiente —local y global— de que este tipo de infraestructura no solo no resuelve el problema del tráfico, sino que destruye la ciudad.

Las vías elevadas, viaductos o bypasses no lograrán reducir la congestión, sino que van a generar más tráfico. Esto se llama demanda inducida: al ofrecer más espacio para autos, más personas deciden manejar y, en poco tiempo, la congestión vuelve al mismo nivel o peor. Es una receta conocida y repetida. Pero en Lima el problema es aún más grave: los viaductos propuestos están muy mal diseñados, con accesos deficientes, radios de giro peligrosos, cruces mal resueltos y sin ninguna integración con el entorno urbano. El resultado no es fluidez, sino nuevos cuellos de botella en las entradas y salidas.

El caso de los bypasses anunciados para la avenida Javier Prado es especialmente preocupante. Esta no es cualquier vía: es un eje estructurante de la ciudad, atravesada por comercio, servicios, transporte público y, en el futuro, por la Línea 4 del Metro, que es la única infraestructura capaz de mover masivamente personas de manera eficiente. Apostar por pasos elevados en este corredor no solo no resolverá el tráfico, sino que degradará el valor del suelo, afectando a comercios, oficinas y viviendas, y retrasará y encarecerá proyectos de transporte verdaderamente estratégicos.

Los viaductos rompen la escala humana. Generan ruido permanente, contaminación, sombras, espacios residuales inseguros y calles imposibles de cruzar. Donde podría haber actividad urbana, encuentro o comercio local, queda infraestructura hostil. No es casualidad que en muchas ciudades del mundo hoy se estén demoliendo autopistas urbanas para recuperar barrios, ríos y espacio público. Nosotros, en cambio, insistimos en construirlas.

Además, estas obras profundizan la desigualdad urbana. Son inversiones públicas que benefician principalmente a quienes tienen auto, generalmente los sectores de mayores ingresos, mientras perjudican a peatones, usuarios de transporte público y vecinos del entorno inmediato. Y todo esto con costos altísimos de construcción y mantenimiento, recursos que podrían destinarse a transporte público, semaforización inteligente, gestión de la demanda, seguridad vial o mejora de barrios.

El problema del tráfico en Lima no es uno de falta de pistas (que sí, requieren ser mejoradas), es mala planificación urbana, viajes mal distribuidos y ausencia de alternativas reales al auto. Construir más infraestructura vial es atacar el síntoma, no la causa. Cada viaducto nuevo es una decisión que hipoteca el futuro de la ciudad, porque una vez construido, revertirlo es extremadamente caro y políticamente difícil.

Lima no necesita 20 nuevos viaductos, necesita priorizar transporte público de calidad: activando las inversiones del Metro y la reforma del transporte; calles completas; espacios seguros para caminar y políticas que reduzcan la dependencia del auto.

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