Como era de esperarse, la guerra sucia se ha agudizado en este penúltimo tramo de la contienda electoral. Si en un principio era menos notoria por la cantidad de candidaturas y –salvo excepciones– rostros desconocidos para las mayorías, hoy ya se divisan algunos blancos móviles.
Estos son, por supuesto, los postulantes que comienzan a diferenciarse de los demás y a despuntar –aunque sea mínimamente– en las preferencias: recordemos el abultado número de peruanos que rechaza a casi todos los partidos y las exiguas cifras que muestran las candidaturas que lideran la campaña.
Es lo que ha ocurrido con Wolfgang Grozo, mayor general FAP en retiro y aspirante presidencial por el partido Integridad Democrática, a quien se le fabricó un documento donde se lanzan graves acusaciones contra su honestidad y trayectoria profesional. Un comunicado apócrifo de la Asociación de Oficiales en retiro de la Fuerza Aérea del Perú (AOFAP), de profusa circulación en las redes sociales, donde se leía que Grozo habría sido invitado al retiro por supuestas gestiones políticas irregulares durante el gobierno de Pedro Castillo y por haber generado presiones que derivaron en la destitución del excomandante general Jorge Luis Chaparro Pinto.
Sin embargo, el teniente general FAP (r) Carlos Bohórquez Castellares, actual presidente de la AOFAP, desmintió rotundamente que ese documento hubiera sido emitido por la institución que dirige. Es decir, se usó el nombre de la AOFAP con la calculada intención de desacreditar la postulación de Grozo que de un modo u otro ha comenzado a ganarle terreno a los tres personajes que lideran el pelotón.
Como se sabe bien quiénes son los aspirantes a la Presidencia de la República que se negaron a firmar el pacto ético electoral propuesto por el JNE, es posible que las sospechas sobre los autores de esta infamia sean fundadas, pero lo esencial es que estos vergonzosos episodios no se sigan repitiendo.
El Perú necesita candidatos que propongan alternativas serias, y que el debate, la confrontación de ideas, no degenere en un simple intercambio de insultos, calumnias o denostaciones. La democracia y el futuro del país lo agradecerán.