PUBLICIDAD

Los Posibilistas

A tan solo nueve meses de las elecciones, urge recuperar la esperanza en el futuro del Perú, tomar acción y construir juntos el futuro.   

Imagen
8
Fecha actualización:
29/07/2025 - 06:50
Escucha esta nota

Por Álvaro Henzler, presidente de la Asociación Civil Transparencia

Democracia efectiva y desarrollo pleno en una sociedad debería generar que cada ciudadano progrese y pueda alcanzar el máximo de su potencial, que quiera echar raíces y formar una familia en su territorio, que permita la convivencia pacíficamente entra diversos y que confíen uno del otro, en las instituciones y en sus representantes. El Perú está aún muy lejos de ese sueño republicano. Nuestro (des)arreglo institucional ha generado lo inverso. Una significativa mayoría de compatriotas vive con mala educación, sin agua, con anemia, sin servicios adecuados de salud y padeciendo una creciente inseguridad. Impera la informalidad, la ilegalidad y la criminalidad. Ello como resultado de una infeliz combinación de una decadencia política, una inoperancia estatal y una predominancia de intereses mercantiles, corruptos y mafiosos por encima del bien público y común.

Como resultado de esa realidad, más de 1.2 millones de peruanos han decidido emigrar y formar una familia en otro país en los últimos tres años. Nuestra convivencia es más agresiva y violenta, que amable y pacifica. Extorsiones, hurtos, violaciones, muertes son pan nuestro de cada día. Y en el último informe de V-Dem Institute, Perú figura entre los tres países del mundo con mayor aumento de polarización política en la última década. Nuestra tensa convivencia tiene sus bases en nuestra baja confianza. Somos de hecho campeones mundiales en desconfianza. No solo la presidenta y el Congreso baten récord nacional de impopularidad, sino que tenemos los niveles más bajos regionales y globales de confianza institucional e interpersonal. La forma en cómo operamos hoy como sociedad genera sobre todo un frágil desarrollo, una mala convivencia y una arraigada desconfianza. En la conmemoración de nuestro aniversario patrio, hay razones cotidianas y estructurales de sobra para ser pesimistas.

En el contexto de la Revolución francesa, Charles Dickens escribió una de las aperturas más famosas de la literatura. Su novela A Tale of Two Cities inicia con: “It was the best of times, it was the worst of times” (“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos”). Y pues claro que podemos ser también optimistas sobre el Perú de hoy. Tenemos uno de los territorios más diversos y ricos del planeta. La esperanza de vida al nacer se ha ampliado en 10 años desde 1990. Nunca antes tuvimos tantos jóvenes con la posibilidad de lograr estudios superiores. Fuimos capaces, con rigor económico y conciencia social, de tener una de las reducciones de pobreza más aceleradas en occidente. Nunca hemos exportado tanto como este año, generando empleo formal. Nuestra cocina es un estandarte global. Nuestra cultura, viva aún en pueblos indígenas, es fuente de orgullo y sabiduría incluso para resolver problemas globales. Y la lista continúa.

Sin embargo, hoy el camino del pesimismo realista le va ganando terreno al camino del terco optimismo. La apatía, la frustración y el cinismo van ganando la batalla. Creo que hay un tercer camino: el posibilismo. William Ury, antropólogo norteamericano de Yale, ha sido mediador en procesos de paz en lugares como Medio Oriente, los Balcanes y Colombia. Se planteó muy temprano una pregunta: ¿cómo resolvemos nuestras diferencias más profundas sin destruir lo que más valoramos? El año pasado, Ury publico su última obra: Posible: cómo sobrevivir (y prosperar) en una era de conflicto.

Desarrolla a fondo su filosofía de ser un “posibilista”, una persona que no es ni optimista ingenuo ni pesimista agrio, sino aquel que busca convertir los conflictos en oportunidades. Ury propone que, aunque no se pueda resolver toda disputa, sí se puede transformar su forma y poco a poco encontrar las salidas. El enfoque parte de reconocer obstáculos y seguir adelante con apertura creativa, colaboración tenaz y curiosidad genuina. Implica esbozar un camino hacia lo posible. No anunciar un cambio radical en poco tiempo con aires populistas, sino liderar una cadencia de avances marginales para lograr una transformación gradual con aires valientes y sensatos. Construir ese camino requiere subirse al balcón, para tomar perspectiva de la cotidianidad caótica y exigente y construir puentes con paciencia extrema, saliendo del aislamiento sectario para ser parte de una red de relaciones que incluya incluso a nuestros rivales. El liderazgo que la mirada posibilista exige es más una audacia humilde que un ego arrollador.

Es urgente recuperar con vehemencia el sentido de la esperanza sobre el futuro del Perú. No una esperanza ingenua, sino una muy realista y hecha posible desde el dolor. Albert Camus, quien presenció la Segunda Guerra Mundial, dijo: “Donde no hay esperanza, deberíamos inventarla”. A solo nueve meses de las próximas elecciones, momento en que elegiremos autoridades nacionales, regionales y locales, requerimos de un movimiento civil de posibilistas capaces de indignarnos por nuestra situación actual, a la vez que inspirarnos mutuamente en lo que es posible construir juntos. Hay mucho que sí se puede hacer para intentar cambiarle la trayectoria al país. Me comprometo desde mi rol a inventar esperanza con generosidad y sin excusas, Y tú, ¿a qué te comprometes hoy?

Imagen
peru21

TAGS RELACIONADOS
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD