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Las peligrosas amistades de Trump

"Las potenciales implicancias de la cercanía a Epstein no pueden subestimarse. No hay que olvidar que este caso ya ha tocado —y destruido la reputación— de personajes tan poderosos como el príncipe Andrés de Inglaterra”.

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(Midjourney/Perú21)
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Fecha actualización:
27/07/2025 - 07:11
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Esta semana, el nombre de Donald Trump volvió a aparecer ligado al de Jeffrey Epstein, el famoso financista acusado de liderar una red internacional de explotación sexual de menores, quien fue sentenciado y murió en una cárcel de Nueva York en 2019.

Según reveló el Wall Street Journal el miércoles, el nombre de Trump figura en múltiples documentos de la investigación del caso Epstein. Eso se añade a la revelación de que, en junio, funcionarios cercanos a Trump (como la fiscal general y su abogado personal) se reunieron con Ghislaine Maxwell, expareja de Jeffrey Espstein, quien también fue condenada por su participación en esta red de explotación sexual.

Tras estas revelaciones, el Congreso norteamericano aprobó esta semana una citación formal al Departamento de Justicia para exigir que entregue los archivos del caso en los que aparecería el nombre de Trump. Esta votación contó incluso con el apoyo de legisladores del partido republicano, aliados del presidente. Con esto, se inicia un proceso de investigación que podría golpear severamente al presidente de Estados Unidos.

La relación entre Trump y Epstein no es novedad. Es público que ambos se conocieron a fines de los años 80 y, para los años 90, ya eran amigos cercanos. Durante este tiempo coincidieron en círculos sociales de Nueva York y Palm Beach, donde Trump tiene su lujosa residencia de verano. De hecho, en 2002, mucho antes de que explotara el escándalo de explotación sexual, Trump declaró que Epstein era “un tipo excelente” y agregó que “Se dice que le gustan las mujeres jóvenes. ¿Y a quién no?”. Epstein, por su parte, llegó a afirmar que Trump era su “amigo más cercano”. Las fotos de ambos en reuniones sociales y declaraciones de diversos testigos confirman la cercanía.

Durante la campaña presidencial de 2016, una mujer cuyo nombre no se ha revelado, denunció a Trump y Epstein por un presunto caso de abuso sexual de 1994, cuando ella tenía 13 años. Aunque la demanda fue retirada antes de llegar a juicio, fue un caso muy sonado en la campaña. Otra mujer, Maria Farmer, que sí denunció abusos por parte del círculo de Epstein, mencionó a Trump entre las figuras que debían ser investigadas, aunque nunca inició una acusación formal ante la justicia.

Ante estas acusaciones, Pam Bondi, miembro del gabinete de Trump que tiene a su cargo el Departamento de Justicia, afirmó que tenía una “lista secreta” de personas involucradas con Epstein en la que no aparece Trump. No obstante, luego de que el caso tomara notoriedad, el propio Departamento de Justicia negó la existencia de la famosa lista en una clara contradicción que ha sido duramente criticada por medios y políticos.

En lugar de aclarar el caso, el presidente se ha lanzado esta semana contra varios de sus propios seguidores que hoy exigen explicaciones. Tal es el caso de Megyn Kelly y Tucker Carlson, dos de los periodistas más alineados con la administración Trump, a quienes este llamó “débiles” tras indicar que no necesita su apoyo. Muy al estilo trumpiano.

Los cuestionamientos también han venido de actores políticos republicanos muy relevantes, como el propio Mike Johnson, presidente de la Cámara de Representantes, o el emblemático senador Lindsay Graham, quienes hasta ahora se habían mantenido como aliados incondicionales.

Las potenciales implicancias de la cercanía a Epstein no pueden subestimarse. No hay que olvidar que este caso ya ha tocado —y destruido la reputación— a personajes tan poderosos como el príncipe Andrés de Inglaterra (hermano del rey Carlos), quien tuvo que renunciar a todos sus deberes oficiales y derechos como miembro de la familia real.

Aunque queda mucho por indagar para definir alguna responsabilidad penal, lo que es indiscutible es que el vínculo de Trump con Epstein fue real, cercano y sostenido. Sumado al incumplimiento de sus propias promesas de transparencia, el asunto no es legal, sino político. Quizás el costo no esté en los tribunales, sino en la pérdida de credibilidad. Y en política, eso suele ser lo más difícil de recuperar. 

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