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La raíz de nuestros males

"Nos concentramos en los efectos, como la criminalidad, la informalidad o la corrupción, pero dejamos de mirar las causas que los originan".

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"La pobreza no es únicamente un problema de ingresos. Es una forma de exclusión".
Fecha actualización:
29/10/2025 - 07:00
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En el Perú hemos ido perdiendo el foco. Nos concentramos en los efectos, como la criminalidad, la informalidad o la corrupción, pero dejamos de mirar las causas que los originan. Nos escandaliza la inseguridad o la falta de autoridad, aunque pocas veces miramos más profundo, hacia una pobreza que no solo persiste, sino que ha vuelto a crecer y deja a millones de peruanos al margen de las oportunidades.

La pobreza no es únicamente un problema de ingresos. Es una forma de exclusión. Es crecer sin servicios básicos, sin acceso a educación de calidad, sin justicia que funcione y sin un Estado que genere los incentivos necesarios para el desarrollo. Es sentirse fuera de un sistema que parece hecho para otros. Esa exclusión genera frustración, debilita la confianza, rompe la cohesión social y alimenta la informalidad como una manera de sobrevivir.

Durante años se creyó que el crecimiento bastaba para resolverlo todo. Sin embargo, el crecimiento sin equidad ni institucionalidad es un espejismo. Hemos tenido cifras que impresionan, pero con un Estado débil, desigual y cada vez más distante de la gente. En ese vacío, muchos dejaron de creer en las normas, en la política y hasta en la posibilidad de progresar por la vía correcta.

Cuando una sociedad se acostumbra a vivir en desigualdad, la ley pierde sentido y la política deja de representar. Los liderazgos populistas prosperan porque se alimentan de la decepción, no porque ofrezcan soluciones. Así, el país se polariza entre Lima y las regiones, entre lo formal y lo informal, entre quienes tienen poder y quienes sobreviven sin él. En medio de esa fractura, todos terminamos perdiendo.

Recuperar el foco significa volver a lo esencial. Construir un país donde el esfuerzo valga la pena, donde el Estado acompañe en lugar de estorbar, donde el cumplimiento de la ley sea sinónimo de dignidad y no de castigo. Significa invertir en educación, salud e infraestructura, pero también en esperanza y confianza.

El Perú necesita volver a sumar en la lucha contra la pobreza, pero esta vez a partir de condiciones de competencia pareja. No se trata de repartir beneficios, sino de asegurar que todos puedan jugar en la misma cancha. Solo así la libertad tendrá sentido, el mérito volverá a valer y la prosperidad dejará de ser un privilegio para convertirse en una posibilidad compartida.

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