La hipocresía de la extrema derecha, coludida evidentemente con la extrema izquierda, no tiene límites. Ahora quieren erigirse como defensores de la policía y los militares con esta ley infame, cuando en realidad se acomodan muy bien para construir una narrativa direccionada en función de sus intereses de grupo. Por eso, tratan de estigmatizar a todos los que reclamamos por esta infamia, acusándonos de defensores de terroristas.
El Perú vivió la angustia que generó la insania terrorista de Sendero Luminoso, responsable directo de la violencia estructural que se vivió entre los años ochenta y noventa. Hay casi un consenso en condenar las acciones violentas y criminales de los terroristas de Sendero y el MRTA. Eso está zanjado y no hay ninguna condescendencia con esos criminales; incluso muchos pedimos la proscripción absoluta de cualquier rezago o reivindicación que se le quiera dar.
Pero de ahí a caer en el juego de estos sectores negacionistas, que pretenden buscar la impunidad de crímenes execrables cometidos por algunos malos militares y policías, hay una gran diferencia. La vergonzosa Ley de Amnistía busca su impunidad a pesar de que cometieron crímenes atroces y quieren hacernos creer que es una supuesta reivindicación a los “héroes” de la lucha contra el terrorismo. Esto es una patraña que ofende la memoria de miles de campesinos asesinados salvajemente. Basta con ver los casos emblemáticos de Accomarca, Cayara, Putis, Cabitos, y podemos seguir enumerando los crímenes de estos malos militares y policías que masacraron niños, bebés, mujeres y ancianos inocentes: humildes campesinos quechuahablantes.
Vean quiénes son los que se regodean con la promulgación de esta ley infame, lo más rancio de la política. Se ufanan de defender a la policía y militares cuando, en realidad, son oportunistas e hipócritas. Si no recordemos las veces que esta misma gente denigró y atacó la labor de la policía cuando, en cumplimiento de sus funciones, en apego a la ley y la ejecución de una orden judicial, participaban en la detención y allanamiento a políticos corruptos. Ahí sí los acusaron de todo y no se cansaron hasta lograr que sancionen justamente a los policías más probos y reconocidos por su lucha contra Sendero y el MRTA.
Cuando vieron que la Diviac les pisaba los talones a los corruptos, ahí sí no había honor ni gloria para la policía; ahí eran enemigos y no les importó descalificarlos. Ahora, para reescribir la historia y buscar limpiarle la cara a los gobiernos de los sátrapas Fujimori y García, son capaces de aprobar leyes inconstitucionales que contravienen los tratados internacionales y la Convención Americana de DD.HH.