El alemán Adolf Anderssen realizó una obra de arte con una partida de ajedrez que asombró tanto que el público la bautizó como “La Inmortal”. El prodigio ocurrió en 1851. En 1934, en Budapest, el chiclayano Esteban Canal, en una exhibición simultánea, sacrificó sus dos torres y la dama, y en solo catorce movimientos dio mate a su oponente. La crítica europea celebró esta joya y la bautizó “La Inmortal Peruana”. En su carrera, Canal llegó a derrotar al campeón del mundo Max Euwe con dos victorias, un empate y una derrota. No menos impresionante es que en 1929 haya hecho tablas con José Raúl Capablanca, considerado por muchos el más grande ajedrecista nacido de mujer. En 1977 la FIDE le confirió a Canal el título honorario de gran maestro. Murió cuatro años después.
"Un turista que hoy llega a Machu Picchu no sabe si podrá subir. Y quien está planeando viajar no tiene idea de cuándo se regularizará la situación".
Hay quienes objetan la supremacía de Capablanca y veneran a Bobby Fischer. Este, en 1965, en Nueva York, tuvo la mala suerte de enfrentarse con Luis Loayza, quien empleó la defensa Caro-Kann y ganó el encuentro. The New York Times seleccionó esa partida por su belleza. Como se ve, Loayza, uno de los mayores prosistas en nuestro idioma, no limitaba su talento a la literatura. De la conjunción de ambas pasiones resultó su extraordinario relato “Fragmentos: Ajedrez”. Otros escritores peruanos también han cultivado el ajedrez y lo han hecho materia de su creación: Rodolfo Hinostroza en el poema “Gambito de rey” y Marco Martos en su libro Jaque perpetuo.
Esteban Canal representó al Perú en dos Olimpiadas, pero no pudo dedicarse profesionalmente al ajedrez por falta de dinero. La ausencia de apoyo a nuestros ajedrecistas resulta inverosímil en otros países. José Martínez Alcántara ahora juega con bandera mexicana y es posible que ocurra lo mismo con Emilio Córdova. Fue lamentable que el IPD le negara a Deysi Cori, campeona del Mundial Sub-20, el dinero que merecía cuando ganó el oro en los Juegos Suramericanos, con la excusa de que el ajedrez no es un deporte olímpico. El periodista Leontxo García publicó en El País su desconcierto luego de ver, en un viaje al Perú, “la enorme desproporción que hay en ese país, produciendo una cantidad enorme de grandes talentos y al mismo tiempo con una inversión bastante pobre, tanto de fuentes públicas como privadas”. Por fortuna, no solo existe el fútbol. Tal vez podríamos valorar los triunfos que ya hemos obtenido en otras lides. “La Inmortal Peruana” es un buen ejemplo de ellos.
Recibe tu Perú21 por correo electrónico o por Whatsapp. Suscríbete a nuestro periódico digital enriquecido. Aprovecha los descuentos.
Video recomendado: