Hay un mito engendrado en las postrimerías de las dictaduras militares de finales del siglo XX en Iberoamérica: que el pensamiento liberal; que la “derecha”, no es compatible con los derechos humanos. La idea de que no se puede defender el libre mercado, porque se traiciona la dignidad humana, caló en segmentos de juventudes, minorías y activistas sociales.
El Premio Nobel de la Paz para María Corina Machado, lideresa democrática liberal venezolana, ha desnudado la desconexión moral de algunos de estos opinólogos, cuya valoración de la vida humana parece estar condicionada por la ideología, como ha sido el caso de Claudia Sheinbaum y Gustavo Petro. Pero ¿Cuál es la verdad detrás de esto?
Apropiación ideológica de los derechos humanos
El fracaso del modelo soviético y el maoísta en China que provocó millones de muertes por hambruna y migraciones masivas por todo el mundo, empujó a la eficiente maquinaria de propaganda socialista a buscar nuevas brechas donde reconstruir su base de adeptos.
El contexto de represión de regímenes autoritarios fascistas y militares en América Latina y Europa, fue aprovechado para lograr una clase de apropiación ideológica de luchas sociales relacionadas con la diversidad y la pluralidad, aun cuando es bien sabido que el comunismo destruye en esencia la identidad del individuo para volverlo parte de un común. Sí, es exactamente como el fascismo, pero de color rojo.
La lucha por la libertad contra dictaduras comunistas y socialistas ha querido ser desprestigiada por actores políticos de izquierda, como parte de la narrativa del eje postsoviético dirigido por Rusia, China e Irán, y echa eco por aliados regionales. Las torturas y los asesinatos extrajudiciales parecen perder valor si son infringidos por regímenes de izquierda.
La propaganda socialista se ha querido apropiar del feminismo, cuando los partidos conservadores y liberales de occidente han sido los que han llevado a más mujeres a asumir jefaturas de gobierno. Se plantea que no se puede ser LGBTIQ+ sin ser socialista, cuando los derechos de inclusión y diversidad se han impulsado principalmente desde estados del occidente liberal.
Todas las dictaduras son iguales
Pero la cuestión no es quién es dueño de los derechos, la cuestión es que los derechos le pertenecen a todos. La dignidad humana es una cuestión de sentido común en la que tienen que coincidir los actores democráticos de una sociedad. Todos los que dicen ser demócratas deberían condenar a la dictadura venezolana y celebrar a quien luche en contra de ella.
Hoy, pese a las penosas excepciones, el mundo sabe y denuncia que la dictadura de Nicolás Maduro, es vil y viola los derechos humanos. El mundo es consciente de que la lucha de los venezolanos, así como la de los cubanos y nicaragüenses en contra de la tortura, el adoctrinamiento y la miseria, también tiene valor. Ese es el mensaje que se ha exaltado con el galardón que hoy celebran los venezolanos, personalidades del ámbito cultural, social y político del mundo, con alegría y esperanza.
Un Nobel que reivindica la libertad
Una vez más la historia y los acontecimientos encausan a la humanidad por el camino correcto. María Corina Machado ha ganado el Premio Nobel de la Paz. Este premio representa un hito que, también nos hace recordar que la lucha por la democracia es universal y está más vigente que nunca.
Este premio no es solo para Venezuela, es para toda América Latina y el mundo, es una declaración de que la democracia es un activo fundamental para la paz y la vida próspera de los ciudadanos y la libertad, que muchos consideran irreversible, debe ser defendida por siempre y para siempre. Es un mensaje que nos hace recordar que no basta con ser libre hoy. “Seámoslo siempre”.