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Para este 2025

“Que el 2025, antes de la vorágine electoral que traerá el 2026, sea una oportunidad para dar pasos firmes en proyectos como este, que tienen el potencial de cambiar la realidad de millones de familias”.

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columna rey
"No es de sorprender que, tras el casi nulo incremento del PBI en 2023, la pobreza se haya incrementado ese año en 1.5 puntos porcentuales".
Fecha actualización:
29/12/2024 - 07:00
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Los últimos días de diciembre son un momento propicio para reflexionar sobre lo vivido en los últimos 12 meses y, sobre todo, en lo que queremos para el siguiente año. Como suelo hacer en este espacio, me permito compartir los deseos que tengo para mi país en 2025 en la economía y la política.

En lo económico, mi principal anhelo es que el crecimiento del PBI vuelva a estar en agenda. Hace ya demasiado tiempo que este nos es esquivo. Luego de un 2023 con el peor resultado en más de dos décadas, se proyecta que este 2024 cerraremos con un magro 3.2% en un contexto que da para mucho más.

Pero quizá más grave que el resultado alcanzado es la aparente pérdida del sentido de urgencia respecto de la importancia del crecimiento económico. Y es que la expansión de PBI no es un concepto abstracto o alejado de nuestra realidad cotidiana; por el contrario, es un fenómeno que tiene efectos muy tangibles. Según un estudio del Banco Mundial publicado el año pasado, el 85% de la reducción de la pobreza lograda en Perú entre 2004 y 2019 se explicó únicamente por el crecimiento económico. Es decir, lo que lograron programas sociales u otras acciones asistencialistas es mínimo si se compara con el poder inclusivo del crecimiento.

No es de sorprender que, tras el casi nulo incremento del PBI en 2023, la pobreza se haya incrementado ese año en 1.5 puntos porcentuales.

Aunque no es el único, el camino más efectivo para lograr el crecimiento es la inversión privada, que representa el 80% de la inversión total y que, además, es de más rápida ejecución y mayor eficiencia que la inversión pública. Y, aunque todo proyecto es importante, por razones de escala lo más potente es enfocarse en las grandes iniciativas, principalmente del sector minero. Pensemos, por ejemplo, en un proyecto como Tía María, que con sus US$1,400 millones en inversión podría tener un aporte a la producción nacional del 0.4% al año y generar 9,000 empleos durante su fase constructiva y 5,800 durante su operación.

Que el 2025, antes de la vorágine electoral que traerá el 2026, sea una oportunidad para dar pasos firmes en proyectos como este, que tienen el potencial de cambiar la realidad de millones de familias.

Pasando a mis deseos en materia política, espero que pare la avalancha de partidos que podrían tener una participación en las elecciones de 2026. Ya van 39 agrupaciones habilitadas, y se calcula que la cifra final podría superar las 60. Ningún sistema político medianamente funcional tiene espacio para tantos actores. Esto inevitablemente llevará a la dispersión del voto, lo que facilita el pase a segunda vuelta de opciones extremas, y conducirá también a la atomización de las bancadas en el Legislativo, lo que dificulta la generación de consensos.

¿Hay acaso 60 posturas ideológicas o programáticas que ameriten un número tan alto de alternativas electorales? Claramente, no. Por ello, las alianzas de partidos debieran ser promovidas en lugar de penalizadas con vallas más altas.

Las primarias abiertas simultáneas y obligatorias (PASO), que ya habían sido aprobadas en 2019, introducían un buen mecanismo para reducir el número de participantes en las elecciones generales. Toda agrupación que no lograra 1.5% de voto ciudadano en las primarias quedaba fuera de carrera para las generales. No obstante, este Congreso decidió dar un paso atrás y eliminar el mecanismo, incluso antes de que fuera puesto a prueba.

Otro deseo en materia política es que Dina Boluarte culmine su mandato. Aun con la precariedad y altísima impopularidad de su administración, la posibilidad de someter al país a un nuevo episodio de sucesión presidencial a 16 meses de las elecciones resulta absurda. Luego de años tan atribulados, sería un despropósito interrumpir este interregno de relativa estabilidad. Que Boluarte culmine su mandato y que luego se investiguen todas las irregularidades y aparentes crímenes que se vienen denunciando.

Y deseo también —y esta puede ser una aspiración ingenua— que el Congreso pare su agenda demagógica y se abstenga de seguir aprobando leyes que socavan las fortalezas que durante años nos hicieron crecer. No más iniciativas que generan gasto público, ni retiros de AFP, ni exoneraciones tributarias, ni designaciones automáticas de personal nombrado en salud o educación, etcétera.

Y deseo que todos ustedes, queridos lectores, tengan un año próspero y venturoso, lleno de satisfacciones personales y profesionales. ¡Feliz Año Nuevo!

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