Quizás el mejor ejemplo que puede darse de un trabajo impecable de inteligencia fue el llevado a cabo por los, entonces, comandantes Benedicto Jiménez y Marco Miyashiro cuando el GEIN que dirigían atrapó al más grande asesino de la historia del Perú sin una sola baja o daño colateral de ningún tipo. Ahora bien, por qué es que planteo la relevancia cardinal de los sistemas de inteligencia en nuestro país: no porque no tengamos, sino porque tenemos demasiados.