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IA: el huaico laboral ya empezó

El futuro será de quienes aprenden más rápido

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Inteligencia artificial
"Si queremos movilidad social real, la reforma educativa tiene que incluir estrategias y acciones para salir vivos del huaico de la IA. A partir de julio de 2026, tenemos una nueva oportunidad de hacerla".
Fecha actualización:
22/02/2026 - 07:00
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La reunión anual del Foro Económico Mundial se realizó en Davos (Suiza) entre el 19 y el 23 de enero. El título del evento fue “Un espíritu de diálogo”, importante en un contexto de fragmentación geopolítica a nivel internacional, incertidumbre económica y cambio climático. Como es usual, asistieron jefes de Estado, empresarios y políticos, entre otros.

Se dieron varias sesiones interesantes donde se habló de inteligencia artificial, seguridad y crecimiento sostenible. Para comenzar, captaron mi atención las de Kristalina Georgieva (directora ejecutiva, Fondo Monetario Internacional) y la de Elon Musk (Tesla, SpaceX y xAI, además de Neuralink, X y The Boring Company). Ambos hablaron desde ámbitos distintos, pero coincidieron en una verdad simple: la ventaja del futuro será de quienes aprendan a continuar adquiriendo más habilidades técnicas.

El primer impacto lo sufrirán los jóvenes

Georgieva dijo que si bien la economía global ha sido resiliente, el crecimiento económico será bajo y la incertidumbre ya es permanente. Esto último no es novedad, en especial para nosotros, los peruanos. Luego entró al tema de la inteligencia artificial (IA) y su advertencia fue directa: la IA reordena el trabajo. No solo “automatiza”; también cambia tareas, procesos y ocupaciones enteras. El riesgo más serio es que desaparezcan muchos empleos de entrada, es decir, los empleos que sirven a los jóvenes para ingresar al mercado laboral. Si estos empleos se reducen, los jóvenes pierden los años iniciales (los 20) en que sientan las bases de su carrera laboral y, en el largo plazo, se interrumpe su camino hacia la prosperidad económica.

Musk: abundancia, pero solo con capacidades técnicas

Musk, desde la tecnología, y siempre con su estilo disruptivo, planteó la idea opuesta en apariencia pero complementaria en el fondo: IA + robótica + energía barata pueden abrir una era de abundancia para la humanidad. En otras palabras: más productividad y menores costos pueden llevarnos hacia una sociedad más próspera. Esto dependerá de nuestra capacidad para escalar (expandir) proyectos y que exista gente capaz de construir, operar y mejorar sistemas complejos. Es decir: también dependerá de las habilidades técnicas.

Si uno junta ambas miradas, el mensaje para el Perú es otra vez brutal. A los peruanos ya se nos vino el huaico de la IA y tenemos que ver cómo hacemos para no morir en el proceso. La discusión no es si la IA es buena o mala. La pregunta es: ¿estamos educando suficiente y adecuadamente a nuestra gente? ¿Los estamos formando para ganar en este nuevo mercado o para quedarse mirando cómo otros ganan?

Lo más valioso que dijo Georgieva fue una frase que deberíamos tratar como política pública: “Aprender a aprender”. Nadie sabe qué trabajos existirán en 10 años, pero sí sabemos qué capacidades serán indispensables:

- Comprensión lectora y escritura funcional (para aprender solos y comunicar bien).

- Matemáticas prácticas y pensamiento lógico.

- Habilidades digitales aplicadas (usar tecnología para resolver problemas).

- Trabajo en equipo, disciplina y responsabilidad.

- Capacidad de reentrenarse, de reconvertirse, varias veces en la vida.

Esto debería cambiar el enfoque de los gestores del sector educación: menos discursos y más acción. La solución no es nueva: se logra con buenos profesores, buena gestión y evaluación constante de indicadores clave.

¿Estamos en condiciones de dar un gran salto en la calidad de la educación? El problema es que, salvo contadas excepciones, estamos utilizando herramientas del pasado para educar a nuestros estudiantes. Mientras el mundo se mueve hacia empleos que combinan tecnología + operación + razonamiento crítico, nosotros seguimos produciendo demasiados jóvenes sin ruta clara: ni universidad sólida, ni formación técnica de calidad, ni puentes rápidos hacia un empleo formal. Y eso genera frustración, informalidad y estancamiento.

Tres acciones para no quedarnos atrás

Entonces, ¿qué podemos hacer? Si tenemos que sacar lecciones de Davos, podemos plantear estas acciones, sin tener que esperar reformas eternas:

1) Un shock de formación técnica corta, masiva y certificada.

Programas de 3 a 9 meses, con certificaciones claras y empleabilidad medible, enfocados en mantenimiento industrial, electricidad, redes, logística, minería y construcción moderna, soporte tecnológico, salud técnica, programación aplicada y análisis de datos básico. No para “inventar empleos”, sino para conectar oferta y demanda real. Actualmente, existen varias iniciativas privadas en esta dirección, pero tenemos que escalar la oferta para que llegue a más personas, en especial a los jóvenes.

2) Docentes mejor acompañados y mejor evaluados.

La educación mejora cuando mejora el aula. Capacitación práctica, mentorías, materiales simples pero potentes y evaluación que sirva para corregir. El país necesita una carrera docente que premie el desempeño real y el compromiso.

3) Medición pública: lo que no se mide no existe.

Cada programa, cada piloto, cada iniciativa debe mostrar resultados: asistencia, aprendizajes, certificaciones, inserción laboral, salarios y permanencia en el empleo. Eso es lo que convierte la educación en política seria y no en una colección de buenas intenciones.

Davos 2026 nos deja una lección que nos incomoda: el futuro le pertenece al país que forma gente capaz de adaptarse. En la era de la IA, la desigualdad clave se está dando entre quienes pueden reentrenarse y reinventarse, y quienes se quedan estancados. Si queremos movilidad social real, la reforma educativa tiene que incluir estrategias y acciones para salir vivos del huaico de la IA. A partir de julio de 2026, tenemos una nueva oportunidad de hacerla.

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