Si en lo que respecta a libertades individuales el candidato López Aliaga personifica el dogma, en el mundo de los negocios su codicia ha dejado triste huella. Cuando una de sus empresas compró la Casa Marsano, ubicada en la cuadra 50 de la Av. Arequipa, no dudó en tumbarla para construir el nuevo edificio donde está CompuPalace, dejando en claro su noción de la modernidad. Como dice Benedetti, “si usted habla de progreso nada más que por hablar, mire que todos sabemos que adelante no es atrás”. CompuPalace brinda un servicio útil y da espacio necesario a pequeños empresarios, pero con un poco de ganas y esfuerzo se pudo adaptar la casa a un espacio comercial, conciliando la historia con la modernidad. El problema es que eso hubiera requerido corazón, algo de cabeza y la capacidad de ver más allá de tu propiedad. Cualidades que no parece derrochar el candidato, quien, felizmente, no tiene ni una opción de colocarse la banda presidencial.