El que no sabe adónde va es porque no sabe lo que quiere. Así estamos en este país: sin rumbo. Dos temas: (i) las marchas y (ii) la participación política de nuevos ciudadanos. En los últimos cinco años se han dado cientos de atropellos a los derechos civiles y sociales; y durante este periodo una de las preguntas más recurrentes ha sido: ¿qué le pasa a la gente que no reclama? ¿Por qué los peruanos no defendemos nuestros derechos? Todos, en la rutina del café, reventamos en quejas: “Esto es un desastre”, “nadie hace nada”, “nos gobiernan las mafias”, “¿dónde está la calle?”, “¿dónde los jóvenes?”. Y esa misma gente que, cuando pide, se le da, empieza con el discurso terruqueador. No solo ven con antipatía y hasta asco el marchar, sino que al que faltó a clase, al trabajo, sacrificó tiempo —y en este país arriesgó su vida— lo ven como oportunista, un zurdo que solo destruye el tránsito: “¡Anda a trabajar, vago!”. Por el otro lado, los candidatos. En ese mismo café, el reclamo constante de pedir nuevas caras, gente no contaminada. Pedimos con urgencia profesionales dispuestos a arriesgarlo todo para dar el salto hacia la política. Pero, cuando aparece alguien, lo mismo: entrevistadores acusando al posible candidato de no tener un historial político, señalándolo como un improvisado. “¿Cómo pretendes gobernar si no tienes experiencia?”. Tremendo contrasentido. ¿Qué queremos, señores? ¿Una sociedad sumisa y las mismas mafias gobernando indefinidamente? En vez de maldecir al que levanta su voz, démosle todo nuestro apoyo. Y al aventurero que arriesga todo por aportar en la vida pública, por lo menos agradezcámosle el salto al vacío, una palmada en la espalda y un “cuenta conmigo”. Y, claro, en ambos casos hablo de ciudadanos que marchan por causas justas, respetando la vida, la propiedad y la ley; y de quienes ingresan a la política, mi referencia es a aquellos que lo hacen con verdadera vocación de servicio y con el firme propósito de sacar adelante al país por y para todas y todos. Si los perdemos a ambos, lo perdemos todo.
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