Como si viviéramos en una pujante economía del bienestar y, como si el consumidor pudiera pagar los sobrecostos, los burócratas pretenden que el empresario formal sea no solamente un proveedor de trabajo digno, seguro y bien remunerado, sino que además, “bajo apercibimiento”, buscan que asuma la función estatal de dador de salud, seguridad ciudadana y prevención social.