Todo sucedió a raíz de un comentario de la edición en inglés de La civilización del espectáculo, firmado por un tal Joshua Cohen (Book Review, 17/8/2015). Entiendo que a algunos lectores del Premio Nobel les parezca incongruente su liaison sentimental con la figura emblemática de una popular revista del corazón, medio al que ha cuestionado en su polémico ensayo sobre la decadencia de la cultura. No obstante, conviene puntualizar que un crítico serio no puede valerse de este argumento para descalificar una obra, por cuanto escapa del discurso literario y supone un juicio moral sobre la conducta del autor. Peor aún, el señor Cohen recurre a datos falsos para apuntalar sus discrepancias y acusar de hipocresía a Vargas Llosa. Así, sostiene que este ha sacado provecho de su romance con Isabel Preysler –a quien denomina La Perla de Manila– al haber vendido una historia y fotos exclusivas de la pareja a la revista Hola por 850,000 euros. En su carta, un Vargas Llosa justamente indignado no solo rechaza de plano dicha afirmación y la condena por "calumniosa y pérfida", sino que confiesa haberse quedado "atónito al saber que este tipo de chismes puede tener cabida en una publicación tan respetable".