Tiempo atrás, el mito de París era un imán irresistible para los escritores y artistas latinoamericanos. En el caso del Perú, en los años setenta, varios jóvenes talentosos decidieron seguir la estela de Vallejo y Moro, continuada después por Eielson, Szyszlo, Varela, Ribeyro, Vargas Llosa, Bryce Echenique e Hinostroza, y cruzaron el Atlántico para afincarse en la capital francesa. Algunos se establecieron durante una temporada más o menos larga, pero otros determinaron que no había vuelta atrás y se quedaron para siempre.