Rey absolutista, digno hijo de su padre, Carlos IV, cuya abulia es tradicionalmente destacada, al lado de la perversa reina, María Luisa de Parma, amante del general Godoy, el que verdaderamente mandaba en la corte. Fernando VII exigió la abdicación de su padre. Todo este juego de egoísmo, engaño y, sobre todo, de ausencia de inteligencia, suplida por exceso de vanidad, fue genialmente pintado por Goya.