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Reflexiones preelectorales

"Esta elección es crítica, o hacemos un corte con lo que está mal o iremos a peor”, sostuvo Felipe Morris.

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“Menuda tarea tenemos el próximo domingo”, dijo el economista.
Fecha actualización:
08/04/2026 - 09:46
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Escribo este artículo ad portas de nuestro próximo proceso electoral. El Perú se asemeja a un enfermo crónico que, a primera vista, muestra signos vitales estables, pero que, tras esa fachada de aparente normalidad, esconde un deterioro progresivo de su salud, casi imperceptiblemente. Desde una perspectiva puramente macroeconómica, podríamos afirmar que “estamos bien”: mantenemos una baja inflación, el tipo de cambio se muestra relativamente estable, nuestras reservas internacionales son robustas, el acceso a financiamiento externo no presenta mayores obstáculos y la deuda pública se mantiene dentro de márgenes manejables. Esta instantánea financiera, aunque tranquilizadora, oculta una narrativa de fondo profundamente inquietante: “vamos mal”. Por ello esta elección es crítica, o hacemos un corte con lo que está mal o iremos a peor.

Esta precaria estabilidad, fruto de reformas estructurales implementadas hace tres décadas, está siendo erosionada implacablemente desde sus cimientos por nuestra clase política. La disciplina fiscal, pilar de nuestra fortaleza económica, ha sido abandonada debido al incremento descontrolado del gasto corriente y la proliferación de programas clientelistas. A esto se suma una delincuencia e inseguridad creciente, una administración de justicia y fiscalía endeble, y un estado inoperante, incapaz de una adecuada administración de nuestras instituciones y proyectos de inversión.  

Si a todo lo anterior añadimos la alarmante informalidad económica, que frena el crecimiento y la formalización del empleo; la persistente baja inversión privada, clave para la generación de riqueza y oportunidades; la fragilidad institucional que carcome a regiones y municipios; el deterioro generalizado de los servicios públicos, especialmente en salud y saneamiento; y la silenciosa pero devastadora crisis educativa que hipoteca el futuro de generaciones, el panorama que emerge es aún más preocupante.  

Ante este panorama, los distintos partidos nos han ofrecido un menú nutrido pero bastante pobre. En el lado presidencial hay una amplia selección, pero poco apetitosa; y en el congresal hay muchos platos malos repetidos y los nuevos dejan mucho que desear. Luego de los debates no se percibe propuestas que hayan articulado una visión país a largo plazo con reformas significativas y con un liderazgo capaz de consensuarla. La frustración se observa en las encuestas, con mucha dispersión y un alto porcentaje de voto blanco, viciado o indeciso.

Aun así, estas nuevas elecciones nos dan la oportunidad de empezar a rectificar. Para ello debemos buscar a aquellos con mayor capacidad y ganas de trabajar honestamente para reencausar al país, tanto a nivel presidencial o congresal. Ojalá que en cuanto a congresistas elijamos a personas probas dispuestas a apoyar a quien salga elegido presidente, pero pensando en el país y no en beneficios personales o partidarios.  Para ello es importante revisar el perfil de los distintos candidatos, evitando elegir a personas sin la moral para legislar o gobernar con honestidad y sin las competencias para administrar un país bastante complejo como el Perú. Menuda tarea tenemos el próximo domingo. 

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