A raíz de las constantes críticas del presidente Trump a la Reserva Federal (FED) decidí revisar su independencia, así como la de nuestro banco central (el BCRP). La independencia de un banco central de la injerencia política es clave para asegurar una política monetaria libre de presiones del gobierno de turno. Aunque tanto la FED como el BCRP son formalmente autónomos, la diferencia entre uno y otro es significativa.
Desde su creación, la FED está blindada de las presiones políticas: se autofinancia, sus gobernadores tienen mandatos largos (14 años). El presidente y vicepresidente de la FED son elegidos entre los miembros de la Junta de Gobernadores y es aprobado por el presidente de Estados Unidos por 4 años, con posibilidad de renovación; en fechas que no necesariamente coinciden con un nuevo gobierno. Además, sus decisiones de política monetaria las determina el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC), compuesto por 12 miembros con derecho a voto, elegidos por los bancos regionales de la FED. Esto asegura decisiones técnicas y difíciles de manipular políticamente. Por ello, sorprende la sobrerreacción de los mercados financieros ante las críticas del presidente Trump a su funcionamiento, siendo evidente que difícilmente podría influir en su política monetaria.
El BCRP también goza de autonomía constitucional, legal y financiera, pero su estructura de gobierno no lo blinda de la política, ya que sus siete directores (cuatro nombrados por el Ejecutivo, incluido el presidente del banco, y tres por el Congreso) se reemplazan al inicio de un nuevo gobierno. La evidencia internacional muestra que lo que garantiza independencia es el nombramiento escalonado de directores de modo que no todos son elegidos simultáneamente cuando cambia el gobierno. Los principales bancos centrales con esta práctica incluyen a los de EE.UU., Europa, Japón, Suiza; y en nuestra región a México y Chile.
Julio Velarde ha sido clave para mantener nuestra estabilidad monetaria, pero esta no debería depender únicamente de individuos excepcionales. Si bien luego de la reforma a la ley del BCRP, los distintos gobiernos han nombrado directorios que han garantizado una política monetaria técnica, es evidente que tiene un diseño muy vulnerable. Hemos tenido suerte, ya que la forma de nombrar a sus directores no responde a las mejores prácticas.
¿Cómo blindarlo? Una reforma muy importante, que se propuso al inicio de los noventa, sin éxito, cuando se preparó su nueva ley, era escalonar los mandatos de los directores, para evitar que todos se reemplacen casi simultáneamente al inicio de cada nuevo gobierno. Hay que retomarla para cerrar la puerta a capturas políticas y garantizar continuidad técnica. El Perú ha demostrado que puede tener un banco central serio incluso en escenarios políticos inestables, pero apostar a que cada nuevo gobierno y Congreso siempre elijan un buen directorio es bastante riesgoso. Debemos reformar la manera de nombrar a sus directores, para que la estabilidad monetaria no dependa de la suerte, sino que esté blindada por diseño. Debemos dotar de verdadera independencia al BCRP, pero difícil conseguirlo en nuestro contexto político actual. Ojalá encontremos el momento de hacerlo.