Hasta solo unos meses, los rendimientos de los bonos del gobierno americano a distintos plazos estaban disminuyendo consistentemente ante la expectativa de una caída de la inflación y una reducción de tasas por parte de la FED. Esta tendencia se rompió en septiembre del año pasado, cuando las tasas de los bonos del tesoro empezaron a subir, algo que se agudizó luego de la elección de Trump. Las acciones subieron de valor, pero también los rendimientos de los bonos (aunque con cierta volatilidad) que implica una caída en sus precios de mercado. En los últimos días, aumentaron fuertemente los rendimientos de los bonos arrastrando a la baja el precio de las acciones. Ayer el rendimiento de los papeles a 10 años bordeó 4.80%, el más alto desde noviembre de 2023. Es poco común que las tasas de los bonos largos aumenten cuando la FED está reduciendo sus tasas.
Hay distintas explicaciones para esto, incluyendo una preocupación por el impacto de las políticas del nuevo gobierno sobre la inflación y los déficits fiscales que no permitirán que las tasas se reduzcan tan rápido como se pensaba. Aunque muchos no lo reconozcan, el mercado de bonos es más relevante que el mercado de acciones. Allí opera lo que se conoce como “los vigilantes de los bonos”, que son operadores que salen a venderlos para mostrar su descontento con las políticas del emisor, demandando retornos más altos. La venta de bonos deprime sus precios, lo que aumenta sus tasas de interés, encareciendo el costo del dinero tanto para el Gobierno como a las empresas y personas. Las tasas de créditos hipotecarios son muy sensibles. Obviamente, también termina afectando los mercados de acciones, ya que mayores tasas implican menor crecimiento económico a futuro.
Hay mucha incertidumbre sobre las políticas del nuevo gobierno y sus efectos sobre la inflación, el crecimiento y los déficits. Inicialmente, los inversores priorizaron los efectos positivos de las propuestas de desregulación y reducción de impuestos, minimizando los posibles efectos nocivos de varias propuestas sobre la inflación (aumento de aranceles, deportaciones masivas y mayores déficits), particularmente en un contexto donde los indicadores económicos recientes muestran que la inflación ha dejado de reducirse y la economía americana se mantiene fuerte, no necesitando un mayor impulso por parte del Gobierno.
Por ello los vigilantes están preocupados, descargando bonos con vencimientos más largos, empujando los rendimientos a sus niveles más altos en meses. Algunos analistas predicen rendimientos aún más altos por delante. ¿Se revertirá esto en las próximas semanas cuando tome control el nuevo gobierno? Difícil de pronosticar. Lo que es claro es, que, si la FED retrasa su reducción de tasas, o incluso las revierte, en caso las expectativas de inflación no cambien, hará más difícil que el BCR siga disminuyendo sus tasas de referencia y afectará nuestro crecimiento. Indistintamente de lo que haga Trump finalmente, y sus efectos, es claro que nos espera un año lleno de turbulencia y volatilidad, que no nos debería agarrar desprevenidos.