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El espejismo de jubilarse con la plata en la mano

"El Perú es una rareza en el mundo al ser de los pocos países que permiten retirar el 100% del fondo de pensiones al jubilarse", afirmó el economista Felipe Morris.

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"El populismo previsional vende la idea de libertad y propiedad, pero en realidad siembra inseguridad y dependencia futura", dijo Morris. (Imagen generada por ChatGPT)
Fecha actualización:
30/09/2025 - 06:55
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En el mundo previsional existe un instrumento que protege al jubilado de su mayor riesgo: quedarse sin ingresos en la vejez. Se llama renta vitalicia. Su lógica es sencilla: uno entrega sus ahorros de jubilación a una aseguradora y, a cambio, recibe una pensión mensual garantizada hasta el último día de vida. No importa si vive 80, 90 o 100 años; la renta vitalicia asegura un flujo constante de ingresos.

Es, en esencia, un seguro contra la longevidad. Y resulta fundamental porque nadie sabe cuánto tiempo vivirá ni qué gastos médicos o personales enfrentará en la última etapa de la vida. Sin este mecanismo, muchos terminan agotando sus fondos a mitad del camino y dependen de sus hijos o del Estado. Hay dos cosas sobre las que tenemos certeza en la vida: que algún día vamos a fallecer y que no sabemos cuándo.

Menciono el tema con plena transparencia: presido una empresa de seguros, pero no por eso promuevo las rentas vitalicias. Las compañías de seguros ofrecen productos que les son mucho más rentables que estas. Simplemente, me parece evidente que para cualquier país es crucial contar con este producto que brinda seguridad económica en la vejez.

El Perú es una rareza en el mundo al ser de los pocos países que permiten retirar el 100% del fondo de pensiones al jubilarse. El resultado es contundente: más del 95% de los jubilados optan por llevarse todo su ahorro previsional, aunque a muchos de ellos les convendría adquirir una renta vitalicia que les garantice un ingreso de por vida.

¿Por qué ocurre esto? Primero, por la preferencia inmediata por la liquidez: el atractivo de tener “la plata en la mano” supera la racionalidad de asegurar un flujo vitalicio. Segundo, por la desconfianza hacia el sistema privado de pensiones, que el populismo político ha alimentado durante años. Tercero, por la falta de educación financiera: pocos comprenden que retirar los fondos puede significar quedarse sin nada en pocos años. Tendemos a subestimar nuestra esperanza de vida y por ello no valoramos una pensión vitalicia.

El problema es que la factura llegará después. Muchos jubilados, que hoy celebran con viajes, compras o inversiones improvisadas, terminarán en la precariedad, sin ahorros y dependiendo de terceros. Y será la sociedad entera la que cargue con el costo de esa decisión, porque los gobiernos de turno se verán presionados a crear pensiones asistenciales financiadas con impuestos.

El populismo previsional vende la idea de libertad y propiedad, pero en realidad siembra inseguridad y dependencia futura. No se trata de obligar a todos a adquirir una renta vitalicia con la totalidad de su fondo, pero sí de reconocer que una parte de este debería destinarse a adquirirla, como ocurre en la mayoría de países responsables. Yo adquirí una renta vitalicia y me alegro de tenerla.  

No solo está en juego la jubilación individual, sino la sostenibilidad fiscal y social del Perú en las próximas décadas. Hoy preferimos el espejismo del retiro total, pero mañana enfrentaremos la cruda realidad de miles de adultos mayores sin pensión. Ojalá lo entendieran la población en general y nuestros legisladores. 

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