Una vez más, el populismo, la demagogia y la politiquería barata pretenden malograr la exitosísima historia de progreso económico y bienestar social de nuestra agricultura exportadora.
La agricultura empresarial peruana es un éxito ampliamente reconocido y comentado a nivel mundial, excepto para ciertos políticos nacionales, incluidos algunos periodistas, académicos y dirigentes sociales, que por cuestiones ideológicas jamás valorarán los logros alcanzados en las estupendas plantaciones de Ica, La Libertad, Lambayeque, Piura y otras regiones de nuestro país.
Ese es el caso de todos aquellos personajes que pretenden culpar a nuestra agricultura exportadora de la falta de agua potable en las ciudades y centros poblados, contiguos a nuestras regiones agroexportadoras.
La pregunta es: ¿acaso no es sabido que el suministro de agua potable está a cargo de las Entidades Prestadoras de Servicios de Saneamiento (EPS), de propiedad de las municipalidades del país?
Más bien, lo que se debería reconocer es que el esquema —el de las empresas municipales de agua potable— fracasó. La mayoría de EPS están quebradas financieramente. La corrupción y el clientelismo político las quebró.
Dejémonos de hipocresías. La institucionalidad del agua para uso domiciliario tiene que cambiar. La salud de millones de compatriotas está en juego. Una entidad pública autónoma, especializada, profesional y meritocrática —tipo Banco Central de Reserva (BCR)— que no dependa de los alcaldes de turno… eso es lo que se necesita.
Seamos sinceros. Muchos iqueños no tienen agua potable en sus viviendas por culpa de sus autoridades municipales. Y lo mismo sucede en el resto del país. Los acuíferos de Ica tienen agua para atender a la población. Es falso que los acuíferos iqueños se hayan agotado. ¿Cuántas veces habré escuchado decir que “a la agricultura iqueña le quedan 5 años de vida”? El problema para aquellos videntes de la muerte de la agricultura iqueña es que hace más de 25 años vienen profetizando al respecto, y la agricultura de Ica sigue creciendo y prosperando.
Lo que no dicen estos agoreros de desgracias hídricas es que —aparte de las recargas naturales e inducidas de los acuíferos— todos los ríos del Perú vierten al mar, todos los años en las temporadas de lluvias, como ahora, cientos de millones de metros cúbicos de agua dulce. ¿Por qué no hacen algo para guardar parte de esas aguas sobrantes?
En nuestro país no hay falta de agua. Lo que falta en Ica —y en todo el país— es mejorar la gestión del agua.