Cualquier medida para frenar el avance del virus tendrá costos inevitables. Si no se hubiese dictado una cuarentena, es cierto que los negocios habrían mantenido la posibilidad de seguir generando ingresos, evitando así la ruptura de la famosa cadena de pago. Pero es más probable, también, que la exposición al contacto diario y constante por el trabajo aumentaría incluso más los contagios. Con los confinamientos y restricciones rígidas, como las que se han impuesto en distintas regiones, sin duda se podrán evitar muertes, pero lo que esto implicará para los negocios y empleo es innegable también. Inevitablemente estamos ante un escenario donde solo se puede elegir entre lo “malo” y lo “menos malo”.