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El voto de Pitágoras

"A tres semanas de las elecciones, los números agregan más adrenalina a las encuestas, porque falta (...) determinar a dónde irá ese 35% de indecisos…”.

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(Midjourney/Perú21)
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Fecha actualización:
22/03/2026 - 07:05
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El Jantar Mantar parece un parque infantil, luego caes en la cuenta de que lo que parecían toboganes inmensos son en realidad esculturas monumentales de mármol que sirven para mirar las estrellas. El nombre significa ‘calculadora’ en sánscrito y, efectivamente, fue un observatorio astronómico construido hace tres siglos por el maharajá Jai Singh para diseñar la nueva ciudad de Jaipur bajo los principios de la astrología veda, que cree que la posición de las estrellas influye física y espiritualmente en las personas. Nada nuevo; veintidós siglos antes Pitágoras había propuesto que los planetas tenían una vibración numérica que coincidía con las armonías musicales y que todo en esta vida se desenvolvía conforme a esos patrones matemáticos. La parte científica de Pitágoras se convirtió en geometría (recuerden su teorema de la hipotenusa, los catetos y los cuadrados); en tanto que de la parte mística nació la numerología, que estudia una relación oculta entre la energía de los números y el porvenir de las personas.

Los números sorprenden. Por ejemplo, concebir el cero (como la ausencia de cantidad) y el infinito (como la cantidad sin límites) fue una proeza intelectual; sin ellos, no se hubiesen desarrollado las matemáticas modernas. Hay números inexplicables: como PI, la relación entre la circunferencia y su diámetro que redondeamos es 3.1416, pero sabemos que ese “6” es un “5” seguido de un número de dígitos de nunca acabar; o como la secuencia de Fibonacci, en la que cualquier número es la suma de los dos anteriores, que no es una secuencia abstracta, sino un patrón que abunda en la naturaleza: lo encontramos en la espiral de la concha Nautilus, la disposición de las semillas de los girasoles, los pétalos de las flores y los brotes de las piñas. Los números también confunden porque no son tan exactos como parece: ¿cuánto es ocho más siete? Si dice “quince”, puede no ser correcto, porque esa respuesta solo es válida en una frecuencia de números naturales; pero si estamos en un sistema de numeración de base doce, como la del reloj, las ocho de la noche más siete horas serán las tres de la madrugada del día siguiente (Eduardo Sáenz de Cabezón).

A tres semanas de las elecciones, los números agregan más adrenalina a las encuestas, porque falta medir el voto rural, determinar a dónde irá ese 35% de indecisos, calcular la incidencia del error al votar porque la cédula es una sábana que nadie entiende, los impactos de los escándalos que salpican a los candidatos en la última hora y el arrastre a las finales de un outsider que nunca falta. En las últimas elecciones, las encuestas solo lograron advertir muy tarde la tendencia del candidato sorpresa que se clasificó para la segunda vuelta. Pero la suerte ya está echada, gane quien gane, de la oferta electoral se puede esperar muy poco, sea por las limitaciones intelectuales, la falta de gerencia, la corrupción o por el boicot de la oposición. Ante el riesgo de que nuevamente sea más de lo mismo o quizá peor, se ha publicado Los 10 números que todo peruano debe saber (Roberto Chang y María Cecilia Villegas) con números para todo. Para estar orgullosos: 2% de inflación y casi 30 años manteniendo un promedio de un solo dígito, gracias a una política pública mantenida en el tiempo; o para sentir rabia: 220,000 muertes por COVID, el mayor índice del mundo, en un gobierno que tenía recursos, pero que fue criminalmente ineficiente; o para tener esperanza: condiciones para crecer a 5% promedio, proyectos de inversión privada con miles de millones de dólares en cartera, 70% de informalidad, pero 95% conectados con smartphones; en fin, la posibilidad real de eliminar la pobreza. No es solo un libro, es una propuesta y, si escucha a los autores, una requintada: si el nuevo gobierno no nace bueno, estamos urgidos todos de ponernos a trabajar desde la sociedad, sobre todo los de la élite, que tenemos formación y la vida resuelta. Así como, en la vida, billetera mata galán, los números de la esperanza serán el dato que mata relato, cualquiera que sea el cuento que quieran contarnos. Como para los antiguos, esos son los números de nuestro futuro. Sin embargo, que sea venturoso o miserable no dependerá de la posición de las estrellas, sino de nosotros mismos.

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