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El último de la clase

"La verdadera crisis es haber dinamitado los valores básicos del desarrollo. Hemos perdido autoridad, y sin sanciones jurídicas, sociales, ni morales, la corrupción y el delito pasan a ser opciones de sobrevivencia”.

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(Midjourney/Perú21)
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Fecha actualización:
24/08/2025 - 07:05
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En mis recreos infantiles, se convocaba a la patota cantando: ¿quién quiere jugar a ladrones y celadooores?, ¿quién quiere jugar a ladrones y celadooores?; un juego en el que unos corrían para escapar de los otros. También cantábamos: carril, carril, ferrocarril, de Arica a La Paz, un paso pa atrás, pa atrás, pa atrás; avanzando y retrocediendo. Cuando no estaban cerca las monjas, con otro cántico resolvíamos que titi para Perú y caca para Bolivia, dividiendo el Titicaca, sin tratado alguno. Pasada la inocencia, supimos que no pudimos construir una confederación con Bolivia, que perdimos Tarapacá y Arica en la guerra contra Chile y que, por eso, crecimos entre soberbias y complejos. Chile es más costa, Bolivia es más sierra y en Perú somos costa y sierra. Chile tiene la Patagonia, pero Bolivia y Perú tenemos selva. Chile tiene mapuches, Bolivia tiene aimaras y en Perú tenemos aimaras, quechuas y todas las sangres. Estamos muy cerca en geografía y nuestras historias se mezclan, pero las sociedades se han desarrollado a ritmo distinto: un chileno tiene el doble de PBI que un peruano; un peruano tiene el doble que un boliviano; o sea, que un chileno tiene cuatro veces lo que un boliviano. Por eso, si miramos nuestras riquezas estamos más cerca de Chile, pero si miramos nuestras pobrezas estamos más cerca de Bolivia, como si nuestro destino fuese estar en medio.  

Ahora estamos de elecciones. Bolivia y Chile las tendrán estos meses y serán las teloneras de nuestras elecciones de abril. Todos venimos de crisis. Chile ha dejado de ser el alumno aplicado del barrio porque las protestas sociales antes de la pandemia redujeron la inversión privada, desaceleraron el crecimiento económico y produjeron expectativas sociales que no fueron atendidas por el gobierno de Boric ni por dos asambleas constituyentes sucesivas, una de izquierda y otra de derecha. Bolivia está en bancarrota por veinte años de gobiernos bajo influencia de Morales. ¿Qué pasó? Incrementó regalías al gas más allá de lo razonable, casi una expropiación encubierta. Nadie invirtió más. Al principio poco importó, los precios se dispararon y Bolivia creció como nadie, tuvieron plata como cancha, el Gobierno lo gastaba todo en programas sociales, éxito popular. Pero llegó un día que los precios bajaron y llegó otro en que se acabaron las reservas y, como nadie había invertido, tampoco había nuevas. Bolivia no tenía qué vender y dejó de entrar dinero, pero el Gobierno siguió gastando como antes, endeudándose, hasta que otro día nadie le prestó más y el pueblo aprendió de economía con amargura.    

Los partidos de gobierno de Bolivia y Chile desaparecerán en las elecciones, los nuevos presidentes estarán entre la derecha y un centro-izquierda remozado. No tendrán mayoría en el Congreso, pero será posible construir alianzas para gobernar, porque los dos candidatos que disputarán las segundas vueltas concentran más del 40% en Bolivia y más del 50% en Chile, mientras que en Perú apenas llegamos al 20%; y el poder estará concentrado en cuatro partidos, mientras que aquí tenemos cuarenta franquicias timbeando. Bolivia y Chile tienen base política para enfrentar sus crisis, nosotros no. Hemos creído que nuestros males son la corrupción y la economía criminal. No es así: una elimina la meritocracia, porque gana el que coimea no el que ofrece mejor; la otra elimina la competencia, porque la eficiencia la da el delito y no la productividad. Entonces, la verdadera crisis es haber dinamitado los valores básicos del desarrollo. Hemos perdido autoridad, y sin sanciones jurídicas, sociales, ni morales, la corrupción y el delito pasan a ser opciones de sobrevivencia, en la versión más perversa del esfuerzo individual. Cada uno debe salvarse solo, no hay confianza, ni solidaridad, ni pacto posible. Al final de las primarias bolivianas, un especialista comentó: “… felizmente no estamos tan mal como el Perú”. No se refería a la estabilidad monetaria, ni a la ausencia de inflación, ni a las reservas internacionales. Se refería a nuestra crisis política. Este tipo de crisis no se resuelve con esperanza ni apostando por salvadores improvisados. Se resuelve trabajando pactos políticos por recuperar esos valores perdidos. 

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