La campaña política para las próximas elecciones de abril empieza a calentarse como el verano que se está viviendo en Lima y toda la franja costera peruana en estos días, pero no porque se expongan propuestas de gobierno ni mucho menos por el debate de ideas, que en realidad no existe; se calienta porque predominan las diatribas, los insultos y la descalificación barata que buscan el ataque ad hominem contra cualquier candidato que empiece a perfilarse con alguna posibilidad de éxito.
Muchos dirán que todas estas descalificaciones son parte de la política, del folclore propio de las campañas y del fragor de la batalla electoral; incluso se escuchan afirmaciones que refrendan este tipo de descalificación con la frase trillada de “para qué se meten en política si no van a soportar las críticas de los oponentes o adversarios”. El problema es que resulta muy fácil descalificar a un candidato, lanzarle el insulto o, peor aún, que se le difame con acusaciones falsas con tal de desacreditarlo.
Una cosa es la crítica, que puede ser dura en los términos en que se quiera expresar el descontento de la población frente a los candidatos o, más aún, cuando se trata de un aspirante a la reelección de este actual Congreso de impresentables, lo que causa una profunda indignación en la ciudadanía, harta de ver cómo despilfarran los recursos públicos y cometen fechorías. Todo esto se entiende y se expresa abiertamente en las calles, y es uno de los principales argumentos para rechazar las candidaturas y para la campaña de Por Estos No.
Otras muy distintas son las campañas orquestadas para descalificar al adversario y, peor todavía, si se pretende distorsionar la realidad hasta el extremo de construir narrativas direccionadas con el solo objetivo de difamarlo. En un contexto de fake news y medias verdades, es fácil llegar hasta la difamación, nuevamente apelando a expresiones como “el que se pica pierde” o “el candidato debe tener correa”, que solo refrendan el animus difamandi de todos aquellos que buscan bajarse una candidatura.
Vean si no la maledicencia en la denuncia contra López Chau, quien supuestamente no había consignado en su declaración jurada que habría purgado cárcel en sus tiempos mozos. La forma tendenciosa de la noticia y cómo se presenta muestra una media verdad cuando los hechos lo sitúan como a uno de los valientes jóvenes que se enfrentaron a la dictadura de Velasco. Al final, el tiro les salió por la culata porque hasta le han hecho una campaña gratuita para que se siga posicionando su candidatura.