Cuando impulsamos un proyecto de impacto social, el punto de partida es identificar los “dolores” que afectan el bienestar de las personas y sus familias. Solo al comprender estos problemas y abordarlos de forma efectiva, podemos generar cambios reales que mejoren su calidad de vida.
Si bien existen múltiples herramientas de investigación para entender estas necesidades, la experiencia nos demuestra que ninguna funciona sin empatía. No basta con aplicar encuestas: se trata de comprender cómo viven las personas, qué valor le asignan a cada aspecto de su día a día y cómo perciben su realidad.
Desde Aporta, la plataforma de Innovación e Impacto Social de Breca, hemos aprendido que no se conoce a una comunidad desde el escritorio. La humildad es clave en ese proceso de descubrimiento. Hay que dejar de lado el ego técnico, las teorías y los sesgos, para escuchar con genuino interés. Solo así es posible diseñar soluciones que respondan realmente a sus necesidades.
En este camino, la confianza es un componente esencial. No solo permite acceder a información veraz, sino que también habilita relaciones sostenibles. La confianza es el cimiento de nuestras relaciones: es lo que nos lleva a formar una familia, a participar en elecciones o a que una bodega nos venda fiado.
Pero ¿cómo se construye la confianza? Según un artículo de Harvard Business Review, se basa en tres elementos: autenticidad, lógica y empatía. Es decir, confiamos cuando sentimos que estamos frente a una persona genuina; cuando creemos que esa persona tiene buen juicio y es competente; y cuando sentimos que realmente le importamos.
Aplicado a proyectos sociales, esto implica que la comunidad no debe ser tratada como un objeto de estudio, sino como una aliada. Desde el inicio, debe establecerse un diálogo abierto, que promueva la transparencia y permita abordar sus inquietudes con honestidad y eficacia.
Ignorar este enfoque puede tener consecuencias serias: resistencia al proyecto, retrasos, impactos reputacionales o incluso la pérdida de la "licencia social" para operar. Las buenas intenciones y los recursos no bastan si no hay confianza. Sin ella, el bienestar que buscamos simplemente no se concreta.
Hoy más que nunca, es responsabilidad de todos —empresas, Estado, academia y sociedad civil— habilitar un ecosistema basado en la confianza. Solo así los proyectos sociales podrán cumplir su propósito: transformar vidas y construir un mejor futuro para todas y todos.