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El resurgimiento de Japón


¿Podrá la primera ministra, Sanae Takaichi, reactivar la economía sin perder el orden fiscal?

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La paradoja japonesa es interesante. El país intenta dejar atrás la era del dinero barato, recuperar la confianza del sector empresarial y volver a atraer a los inversionistas globales (Ideogram/ Perú21)
Fecha actualización:
22/03/2026 - 07:00
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Japón está volviendo a tener un rol central en la economía mundial. Durante años fue el símbolo de estancamiento económico debido al bajo crecimiento, inflación casi inexistente, tasas de interés cercanas a cero y un banco central obligado a sostener la economía con respirador artificial. Hoy la situación es distinta. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OECD) proyecta que Japón crecerá 1.3% en 2025 y luego se moderará a 0.9% en 2026 y 2027, con la demanda interna como principal motor, apoyada por salarios más altos, reactivación de la inversión privada y diversas medidas de impulso fiscal.

Ese cambio significa que el Banco de Japón (BoJ) ha empezado a retirar gradualmente el apoyo extraordinario que mantuvo durante años: tasas de interés bajas, compras masivas de bonos y una presencia dominante en el mercado local de bonos. El país ha superado la etapa de deflación crónica. Kazuo Ueda, presidente del BoJ, sostiene que la inflación subyacente se acerca gradualmente a la meta de 2%, respaldada por aumentos en los sueldos, y el mercado espera que la tasa de interés —hoy en 0.75%— pueda seguir subiendo de forma gradual.

Eso tiene efectos concretos. Un Japón con tasas de interés más altas podría fortalecer al yen y permitiría precios de los bonos que reflejen de mejor manera el riesgo real de los mismos. Para la bolsa japonesa, el mensaje es doble: desaparece el dinero fácil y barato, pero al mismo tiempo el retiro de los estímulos ocurre porque la economía luce más sana. Esto es, en el fondo, una señal de normalidad.

En los mercados, de hecho, ya se nota un cambio de perspectiva. Si se comparan las rentabilidades del Nikkei 225 con el S&P 500 en la última década, ambos fueron bastante similares (219% vs. 223%): Japón ha estado mucho más cerca de lo que suele creerse. El mercado japonés ha recuperado su atractivo gracias a una mezcla de aumento en las utilidades de las empresas, cambios en el gobierno corporativo de las mismas, impulsados por la Bolsa de Tokio, presión por optimizar el uso del capital y una búsqueda global de alternativas a China. No es casualidad que el Nikkei 225 haya vuelto a máximos históricos y que Japón haya regresado al radar de los inversionistas globales.

Este cambio en la percepción de Japón fue impulsado en 2019 por Warren Buffett (CEO, Berkshire Hathaway), quien comenzó a invertir en los grandes conglomerados comerciales, tales como Itochu, Marubeni, Mitsubishi, Mitsui y Sumitomo. Inicialmente, Berkshire anunció participaciones superiores al 5% y luego las elevó cerca de 10%. El mensaje fue potente: si el inversionista más admirado del mundo veía valor en Japón, era porque muchas compañías japonesas seguían cotizando por debajo de lo que realmente valían. Su movida atrajo la atención de otros inversionistas globales.

En este contexto emerge Sanae Takaichi, la primera mujer en llegar al cargo de primera ministra en Japón. Su figura tiene peso simbólico por varias razones. La prensa ha enfatizado su origen “diferente” para los estándares del poder japonés: proviene de una familia de clase media y no de la élite que ha gobernado el país. Tiene, además, un perfil poco convencional: fue baterista de una banda de heavy metal y le apasionan las motos de carrera. Estamos ante una persona que ha roto los códigos de la política japonesa tradicional.

Pero la señora Takaichi tiene un tremendo reto por delante: retomar la senda del crecimiento económico. En tal sentido, ha propuesto una combinación bastante ambiciosa: incrementar el gasto en defensa, la suspensión temporal del impuesto al consumo sobre alimentos y otros incentivos para dinamizar la economía.

El problema es que Japón parte de una base bastante complicada. Según el Fondo Monetario, la deuda pública bruta asciende a 227% del PBI y sigue siendo la más alta del mundo desarrollado (1). Gran parte de esta deuda pública (93%) es interna y en yenes, lo cual alivia el problema. Pero el BoJ está empezando a subir la tasa de interés de referencia, habida cuenta del cambio en su política monetaria, por lo que el gasto financiero del sector público aumentará y generará presión en las 
cuentas fiscales.

Entonces, aquí aparece la gran duda: ¿podrá la señora Takaichi reactivar la economía, bajar impuestos, gastar más en defensa y al mismo tiempo preservar la credibilidad fiscal? Japón puede ganar algo de tiempo si mantiene el crecimiento nominal, una inflación moderada y los salarios al alza. El desafío de Takaichi no es solo reactivar la economía japonesa; es hacerlo cuando el país ya no puede darse el lujo de incurrir en más déficits fiscales.

La paradoja japonesa es interesante. El país intenta dejar atrás la era del dinero barato, recuperar la confianza del sector empresarial y volver a atraer a los inversionistas globales. Esta vez lo hace bajo una líder que combina carisma, heterodoxia y una agenda fiscal que podría llevar al límite a las finanzas públicas. Takaichi puede ser el rostro de un nuevo Japón. Lo que todavía no sabemos es si también podrá ser la gestora responsable de su renacimiento económico. Lejos quedaron los años en que el país fue la segunda economía en el mundo. Hoy busca recuperar su brillo. Que la fuerza acompañe a la señora Takaichi.

 

(1) Para contextualizar esta cifra es importante mencionar las cifras en los casos de Italia (138%), Estados Unidos (129%) 
y Perú (34%).

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