El orden internacional establecido después de la II Guerra Mundial (1945) está cambiando radicalmente y tiene ahora un nuevo centro de gravedad. La bipolaridad mundial (oeste-este) formada por los exaliados (EE.UU. – ex-URSS), distanciados prontamente tras la invasión a la Berlín rendida, luego de la repartija de una Europa devastada, se consolidó con la refundación de las Naciones Unidas (ONU) sobre los escombros de la fracasada Liga de las Naciones.
El Derecho Internacional tiene serios aprietos cuando intenta explicar las esencias de la democracia e igualdad —como valores supremos de la sociedad humanista de la posguerra— al mismo tiempo de la existencia del Consejo Permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, con el poder de veto de cinco países —antaño cinco potencias mundiales— sobre todo el Consejo de Seguridad con 15 miembros, o sobre toda la Asamblea General con más de 190 países. La “real politik”.
Acabado el primer quinto del Siglo XXI el mapamundi se está redibujando. China, la “madre” Rusia y los EE.UU. tienen mucho mayor preponderancia en un mundo claramente tripolar con casi igualdad de fuerzas, no solo militares, o nucleares, sino fundamentalmente económicas. Sumémosle el enorme crecimiento de oriente, como India, y la siempre convulsiva zona árabe, con los lunares de Israel, Turquía e Irán; fuente permanente de desestabilización política, militar y económica, con conflictos que parecen no tener fin, ni cercano ni lejano.
La Europa victoriosa de la posguerra ha envejecido y dejado de tener prevalencia económica y militar. La Unión Europea, heredera de la CEE, formada en los 50 sobre la Comunidad del Carbón y el Acero, a pesar del motor alemán, ya no tiene la fuerza de antaño, teniendo además la defección del Reino Unido, que cuando quiere es europeo y cuando no un Estado insular.
El “estado de bienestar” está siendo abandonado. Basado en el reparto del dinero público, que requiere de importante producción económica y de fuerte recaudación (no hay lonche gratis y la riqueza no se crea por ley: gran lección del fracaso socialista), ha derivado hacia formas políticas y económicas ortodoxas y derechistas. Ahí están los EE.UU. con Trump masivamente votado, convertido en el “cowboy” del mundo, la ley de la pistola y la plutocracia como modelo político. Meloni en Italia, Bukele en El Salvador, Milei en la Argentina, los resultados en Alemania y los países del exeste que quieren ser parte de la Unión Europea con sus beneficios políticos, sociales y militares —como la OTAN, el “casus belli” entre Rusia y Ucrania—.
Ya avanzado el Siglo XXI asistimos, con el auge de la tecnología y la masiva comunicación cibernética, a la deconstrucción del modelo de democracia y economía de la posguerra y la estructuración de un nuevo orden internacional de futuro impredecible.