PUBLICIDAD

El Estado que no llega

“Si algo nos recuerda la historia de Koiran es que el talento está en todas partes, pero las oportunidades no”. 

Imagen
Ibai Llanos sorprendió a streamer peruano al visitarlo en su hogar
Ibai Llanos y el streamer peruano Koiran.
Fecha actualización:
30/11/2025 - 07:06
Escucha esta nota

Hace unos días, la visita de Ibai —uno de los streamers más conocidos del mundo— a la casa de Koiran (@koirandoshil) se volvió viral. Y no por la consola de última generación, sino por lo que había alrededor. El “setup gamer” de Koiran está instalado en su casa, que queda casi en la última vivienda de una zona alejada, en un asentamiento sobre terreno vulnerable, donde el acceso a servicios básicos es más una excepción que una regla. Entre gradas de escaleras, pendientes riesgosas y viviendas que resisten como pueden, Koiran (que es un capo) ha construido un espacio para trabajar, transmitir y conectar con sus seguidores.

Pero lo que más llamó la atención no fue la computadora, sino la historia detrás del Internet que la sostiene. Como la empresa “no llegaba”, Koiran decidió hacerlo él mismo: compró cableado, instaló postes, trepó cerros y tendió metros y metros de líneas solo para que su trabajo sea posible. A falta de Estado, improvisó su propia infraestructura. Una especie de “hazlo tú mismo” urbano, que aplaudimos como hazaña cuando, en realidad, evidencia un abandono estructural.

No es un caso aislado. Millones de peruanos viven en zonas donde el Estado tampoco llega: sin agua, sin conectividad, sin movilidad segura, sin títulos de propiedad, sin parques, sin luz suficiente para que un niño pueda hacer su tarea cuando cae la noche. Y como no llega, cada familia arma su propia solución. Se cava, se trepa, se amarra, se inventa. Una épica diaria que se confunde con resiliencia, pero que en verdad es el síntoma más visible de una desigualdad profunda.

La historia de Koiran emociona porque muestra ingenio, determinación y valentía. Pero también es cierto que romantizar estos esfuerzos, como si fueran parte del espíritu emprendedor peruano, nos hace daño. Porque normaliza que las personas tengan que hacer esfuerzos sobrehumanos para acceder a lo que debería ser un derecho básico. Porque convierte en mérito lo que debería ser política pública.

La ausencia del Estado no es solo una frase: es la brecha que separa a quienes pueden proyectar su futuro de quienes apenas pueden sostener el presente. Es conectar cables donde no hay postes. Es caminar kilómetros donde no hay transporte. Es vivir con miedo donde no hay presencia policial. Es perder oportunidades donde no hay conectividad.

Si algo nos recuerda la historia de Koiran es que el talento está en todas partes, pero las oportunidades no. Y mientras seguir pasando cables sea la única solución, pues el Estado no cumple con lo que debería garantizar, como lo son las viviendas dignas, la pobreza seguirá pasando de generación en generación.

No necesitamos héroes cotidianos. Necesitamos un Estado que llegue. Porque solo cuando llegue, de verdad, a todos, podremos dejar de celebrar lo improbable y empezar a construir lo justo.

TAGS RELACIONADOS
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD