Mientras tanto, el gobierno tiene que administrar las expectativas. Que quede claro que el camino será largo y difícil, y que aún no hay vacunas para todos, pero que habrá. A ello sumemos a quienes están en campaña desestabilizadora, buscando siempre cualquier oportunidad para lanzar una piedrita. La última de ellas es la que están tirando contra Sagasti porque será el primero en vacunarse. No tengo dudas de que, si no fuese así, los quejosos de turno que, casualmente, son los mismos que promovieron la vacancia y el desmadre de noviembre, estarían cacareando que Sagasti se corre de la tarea de liderar. Que Sagasti se ponga la vacuna primero es un acto político razonable, en buena medida porque al hacerlo, con el ejemplo, ayuda a disipar las dudas que cerca del 50% peruanos tienen sobre las vacunas. Además, ya tuvimos demasiados presidentes en los últimos meses para corrernos el riesgo de tener que cambiar una vez más.